Uno de los métodos que utilizamos en Celeris para desarrollar cursos e-learning, es implementar elementos del storytelling: contar historias para generar alguna emoción o “engagement” en el participante, y así lograr desencadenar un aprendizaje significativo.

Pero … ¿cómo lo hacemos?

Contar historias para capacitar puede no ser tan difícil si es que hay una inmersión potente en el escenario que se va a describir. En otras palabras, el participante debe creer y confiar que quien cuenta la historia la conoce, y que además la puede contar bien.

Para que esto suceda, el experto que diseñe la experiencia de aprendizaje debe nadar bien profundo hacia la realidad del puesto de trabajo, informarse y analizar. Recién entonces podrá estar en la posición de decirle al participante “voy a enseñarte algo”.

Crear historias para capacitar, entonces, no se trata de inventarlas, más bien se trata de seguirles el rastro y de observar. Es en la propia conversación con nuestros clientes, en la consultoría y en el estudio del material, donde las huellas empiezan a brillar y se nos abre la posibilidad de construir universos con relatos especialmente diseñados, con escenarios realistas y con personajes (en caso de utilizarlos) reconocibles para el participante.

Cuando se escribe el guion del curso, ya sea con relator omnisciente o bien si hay personajes que hablen entre ellos o directamente al participante (cruzando la cuarta pared), es naturalmente conveniente usar las palabras y frases que el participante conoce y que le hacen sentido.

Ahora bien, si tuviéramos que elegir una inspiración para proyectar experiencias de capacitación con Storytelling, diríamos que esta viene de las series de dibujos animados cuyos personajes nunca crecen: “Hey Arnold!”, “Bob Esponja”, “Las Chicas Superpoderosas”, entre otras. (No, no nos auspicia Nickelodeon).

Pero … ¿por qué estos dibujos y no otros?

Básicamente, porque sus personajes caracterizan valores y son consistentes en el tiempo: Bob siempre es ingenuidad, Gerald es pura sabiduría y Bellota siempre es fuerte. Cuando ellos salen a escena nunca dudamos de sus intenciones y de su forma de ver el mundo, como ya estamos familiarizados con ellos, sólo nos queda averiguar “¿qué aventura les tocará hoy?”, lo cual no necesariamente pasa con las series cuyos personajes sufren cambios constantes, donde todo es intensidad y expectación.

Justamente es por esto que las series mencionadas anteriormente son óptimas, porque la capacitación no es sorpresiva, sino que expone certezas y calma ante los escenarios, con una alta dosis de empatía (lo que no exime al participante de enfrentar desafíos).

Si el personaje de un curso es un supervisor bancario, por ejemplo, y le otorgamos características de superhéroe, cada vez que él aparezca tendrá la capacidad de rescatar al participante de sus problemas y/o de ayudarlo a resolver el conflicto en cuestión, sin dejar nunca de ser un supervisor.

Si otro personaje es una secretaria que lleva 40 años en el mismo rol, no tenemos duda de que será una voz autorizada en todo lo que pase en el negocio, y si está presente en la historia es porque nos contará cosas sublimes debido a su experiencia.

Para concluir, el storytelling va más allá de hacer ver al participante como un aprendiz al principio y un súper colaborador al final, como si se tratara de una escalera ascendente. Más bien se trata de generar una plataforma de confianza en el colaborador a través de un relato permanente y transversal, con una historia acotada o suficiente, que no pretenda ser la protagonista de la experiencia, sino que simplemente mantenga elementos consistentes y que generen familiaridad directa con el participante, sin miramientos, sino de frente. Empaparse de la cultura de la compañía (no sólo meter los pies al agua) para identificar los problemas típicos del colaborador y hacer una proyección adecuada de sus “casos de borde”, será muy bien aprovechado durante el diseño y la experiencia final de aprendizaje.

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Gabriel Ramírez Cavieres
Diseñador Instruccional